Querida mamá:
Anoche no quise dejarte la carta escrita
queriendo porque estaba tan cansada mentalmente que no me iban a salir las
cosas como yo quería. Escribirte sin sentido no es mi misión. Es como el que
habla y el receptor está medio dormido, así no merece la pena tener una
conversación.
El domingo tranquilito en cuanto a
visitas. Por la mañana vinieron Conchi y Ana con sus hijos para verme y ver a
papá. Pasaron un rato y luego se marcharon a casa. La tarde la pasé como yo
llamo “en formación”, leí, estudié, hice esquemas, organicé la agenda de la
semana, apunté las cosas importantes y me dieron las 11;30 de la noche. Y
decidí acostarme porque seguía con la resaca del finde. Y tenía que coger
fuerzas para esta semana que tampoco será fácil.
Ahora estoy esperando a Ana porque vamos
a ir a la tienda que tanto te gustaba para el 6 de enero. Han puesto algunas
cosillas a muy buen precio y queremos ir a comprar para dejar prácticamente
todo cerrado antes de irme a EEUU.
Mañana voy a TV y el jueves tengo una
actividad con los mayores para ir a ver Tránsito, de Daniel Grao. Si ganaran el
concurso del jueves, volvería Daniel a Málaga y ya me ha dicho que vendría a la
Academia. Así que tengo ganas, muchas ganas.
Ayer hacía una reflexión que comencé en
la noche del sábado después de la cena. Me he terminado de leer el libro de
María de Villota, “La vida es un regalo”. Supongo que sabes cómo me he sentido leyendo
cada página mamá. Está claro que no sé lee igual cuando la persona está viva
que cuando está recién fallecida. Me fastidia no haber podido llegar a tiempo
para poder decirle “Qué grande eres hija” porque lo es. Ella habla de dos
grupos de personas, las que nunca han sufrido un accidente, enfermedad o golpe
que te haya hecho parar en seco tu vida y las que sí. Lógicamente pertenezco al
segundo grupo. La primera vez que la vida me hizo parar en seco fue cuando ingresé
en el hospital Arturo Soria de Madrid con la úlcera de estómago. Verme siete
días sin poder moverme de la cama, aquella sensación de flojera, de no poder
moverme, de faltarme el aire a causa de la pérdida de sangre. Aquellos dolores
de estómago… me hicieron cambiar, aunque no mucho. Porque el segundo golpe fue
cuando me vi ingresada en el Civil, aquella vez creo que ha sido lo más cerca
de la muerte que he estado. No quisiera volver a sentir aquello nunca. Y por
último tu pérdida. Eso sí que es un golpe duro. Todo esto hace que al igual que
María de Villota la vida la vea de otra manera. No merece la pena correr esta
vida con los ojos tapados sin saber lo que ocurre a tu alrededor porque así no
valoras lo que realmente importa. Y es verdad. Hay cosas que realmente son
importantes y nos las vemos en el día a día. Nos creemos que importa la casa,
los zapatos a juego con el bolso, el peinado, la marca o gustar a los demás.
Cuando lo realmente importante es que estás, que vives, que puedes sonreír,
disfrutar de los placeres de la vida porque se dice que la vida es maravillosa
vivirla pero nunca nadie dijo que fuese fácil. Y es verdad. Hay que vivir el
momento mamita, eso tú lo has hecho y me lo has enseñado. Hay que saber
disfrutar de las cosas buenas que nos rodean, aprovecharlas y llenarnos de
momentos especiales y únicos que a final será lo único que nos llevemos y
dejaremos; el recuerdo.
Durante el fin de semana ya te he dicho
que he conocido y vuelto a ver a personas maravillosas que me han hecho
comprender que tengo que seguir adelante, que tengo que luchar por mis sueños…pero
este libro me ha terminado de dar las fuerzas necesarias para apostar con más
intensidad en todo lo que creo. Así que espero que puedas darle las gracias
personalmente tú a María y le hagas llegar esta carta. Hazle saber que gracias
a ella, alguien en Málaga seguirá peleando y luchando como lo hizo ella hasta
el último instante. Porque esta carrera sí merece la pena.
Te quiero mucho mamita, demasiado y lo
sabes. No te olvides de mí. Acuérdate de papá, María, Patricia, Cuñado y JJ.
Cae Isa porque gracias a Dios está muy bien.
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